Como
resultado de esta aseveración, las lagunas o vacíos
normativos son un sin sentido y el operador jurídico o el juez han de ser
capaces de encontrar entre las normas la solución del caso que tienen ante sí,
han de precisar dentro del conjunto armónico, del “sistema” y adoptar la única
respuesta posible al caso, como forma de conservar lo más intacta posible la
voluntad predominante.
Y
si admitimos que el Derecho no es sólo norma, sino una ciencia, que en tanto
expresión de una voluntad política predominante, tiene funciones específicas en
la sociedad, él ha de garantizar el interés prevaleciente, permitiendo,
mandando o limitando, y a su vez ser cauce de lo que se desea obtener. La
expresión de intereses aporta unidad a la normativa vigente.
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